Los peronistas argentinos se enfrentan a una crisis de identidad tras la derrota en las elecciones legislativas

La coalición peronista que gobierna Argentina se encuentra al borde de una crisis política, con el presidente Alberto Fernández enfrentándose a una lucha por el control después de que los votantes abandonaran a su partido de centro-izquierda en unas elecciones de mitad de mandato que minaron su poder en el Congreso.

El partido, una mezcla de moderados aliados con el presidente y una poderosa facción de izquierda dura en torno a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene ahora un dilema: ceder terreno para trabajar con la oposición, dar un giro a la izquierda, o dividirse por el medio.

“El gobierno tiene graves problemas. Es un presidente que está totalmente vaciado de poder”, dijo Mariel Fornoni, de la consultora política Management & Fit. “La coalición está rota”.

La votación del domingo hizo que los peronistas perdieran su mayoría en el Senado por primera vez desde 1983, con un número de provincias que se aleja fuertemente del gobierno de Fernández, quien arrasó con el poder en 2019 con una plataforma de centro-izquierda.

La pérdida dificulta la capacidad de su gobierno para impulsar la legislación en el Congreso, afectando a los planes de reforma judicial y añadiendo complejidad a las conversaciones sobre un nuevo acuerdo de 45.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, que necesita la aprobación de los legisladores.

Alberto Ramos, de Goldman Sachs, dijo en una nota que la derrota podría dejar al partido gobernante debilitado y que “el disenso interno sobre la dirección de la política podría crecer aún más”, perjudicando potencialmente a las voces moderadas como el ministro de Economía Martín Guzmán.

“Este telón de fondo eleva el riesgo de una mezcla de políticas (aún) más heterodoxa/intervencionista que podría complicar aún más la ya difícil negociación de un programa del FMI”, dijo.

“Perder el control del Congreso implica que el gobierno tendría que negociar con una oposición más fuerte y reanimada que podría llevar a un proceso de elaboración de políticas ruidoso y volátil”.

En un mensaje grabado tras la derrota, el presidente Fernández adoptó un tono moderado, diciendo que llamaría al diálogo con la oposición, redoblaría los esfuerzos para resolver la deuda con el FMI, presentaría un plan económico al Congreso y apuntaría a la inflación.

Sin embargo, restó importancia a la sugerencia de frenar el gasto público, que muchos consideran vital en medio de las difíciles condiciones económicas.

“Es necesario poner en orden las cuentas del Estado, pero nunca a costa de un ajuste del gasto. El ajuste se intentó repetidamente en Argentina y sólo profundizó la desigualdad y la pobreza”, dijo.

COSTO POLÍTICO

Es probable que la pérdida del medio plazo tenga un precio para el Gobierno.

“Empezarán a depender de las negociaciones con posibles aliados y, cuando se entra en este tipo de conversaciones, empiezan a salir caras”, dijo el analista Carlos Fara.

El gobierno tiene una larga lista de crisis que resolver.

La inflación supera el 50% anual, la pobreza está por encima del 40% y el peso cotiza a unos 200 por dólar en los mercados informales que han florecido en medio de los controles de capital, el doble del tipo de cambio oficial de 100 pesos por dólar.

Algunos prevén una devaluación más rápida de la moneda para acercar los dos tipos de cambio y adecuarse al aumento de los precios.

“En diciembre, o un poco antes, se va a acelerar el ritmo de la devaluación oficial para evitar que el dólar se retrase demasiado respecto a la inflación”, dijo Roberto Geretto, economista de Fundcorp.

Las conversaciones con el FMI sobre un nuevo acuerdo también se han alargado, en medio de las divisiones dentro del gobierno sobre la consecución de un acuerdo con el prestamista, al que muchos argentinos culpan de haber empeorado las anteriores crisis económicas en el país productor de cereales.

Julio Burdman, analista político del Observatorio Electoral, dijo sin embargo que la oposición probablemente se sumaría al acuerdo.

“Creo que el acuerdo con el FMI no depende de la política”, dijo. “No hay nadie interesado en que Argentina no firme un acuerdo”.